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Love Collioure
Meublé de tourisme — clasificación oficial francesa de 3 estrellas
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20 CHEMIN SAINT-ELME · COLLIOURE
20 CHEMIN SAINT-ELME · COLLIOURE

Qué ver en Collioure: el pueblo donde reposa Antonio Machado

Collioure está a poco más de dos horas de Barcelona, justo al otro lado de la frontera, y para un viajero español no es un pueblo francés cualquiera: es donde Antonio Machado murió el 22 de febrero de 1939, tras cruzar los Pirineos con la Retirada, y donde sigue enterrado junto a su madre. También es una bahía catalana de casas de colores, un castillo templario, cuatro calas pequeñas y el lugar donde nació el fauvismo en 1905. Esta guía recorre lo que merece la pena ver, con distancias reales y sin adornos: lo bueno, y también lo que conviene saber antes de ir.

La tumba de Antonio Machado, el motivo por el que muchos españoles vienen

Machado llegó a Collioure en enero de 1939, enfermo y agotado, después de un viaje durísimo desde Barcelona en plena Retirada — el éxodo de cientos de miles de republicanos hacia Francia. Murió el 22 de febrero en el hotel Bougnol-Quintana, en el centro del pueblo. Su madre, Ana Ruiz, le sobrevivió tres días: falleció el 25 de febrero. Los dos están enterrados juntos, en la misma tumba, en el cementerio de Collioure. La sepultura es de una sencillez que sorprende: está muy cerca de la entrada, cubierta de flores, banderas republicanas, poemas manuscritos y cartas que los visitantes dejan durante todo el año. Hay incluso un buzón para las cartas dirigidas al poeta. No hace falta buscarla mucho — está señalizada y todo el mundo en el pueblo sabe indicarla. El cementerio queda a pocos minutos a pie del centro, cuesta arriba, y la visita es libre y gratuita. Collioure forma parte de la Red de Ciudades Machadianas, y para muchos viajeros españoles esta parada es el verdadero motivo del viaje. Conviene ir con tiempo y sin prisa: es un sitio pequeño, silencioso, batido por el viento salino, y se agradece poder quedarse un rato.

El casco antiguo: el campanario, las callejuelas y el Mouré

El corazón de Collioure es su campanario redondo, el de la iglesia de Notre-Dame-des-Anges, que fue faro antes que campanario y que aparece en todas las fotos del pueblo. Está literalmente a pie de playa, con la torre rosada asomando sobre las barcas. Dentro merece la pena entrar: los retablos barrocos catalanes dorados, obra de Joseph Sunyer, son espectaculares y contrastan con la sobriedad del exterior. Alrededor se despliega el barrio del Mouré, un laberinto de callejuelas empinadas con fachadas pintadas en ocre, rosa y azul, tiestos en las ventanas, ropa tendida y tiendas de artesanía. Es una zona pequeña — se recorre entera en menos de una hora — pero es donde el pueblo enseña su carácter catalán, muy parecido al del Empordà. Callejear sin rumbo por el Mouré, especialmente a primera hora de la mañana o al atardecer cuando bajan los grupos, es probablemente lo mejor que se puede hacer en Collioure sin pagar nada.

El Castillo Real (Château Royal), sobre la bahía

El Château Royal domina la bahía y separa las dos playas principales del pueblo. Fue residencia de verano de los reyes de Mallorca en el siglo XIII, pasó después a la Corona de Aragón, y más tarde Vauban lo reformó como fortaleza militar cuando el Tratado de los Pirineos entregó el Rosellón a Francia en 1659. Esa historia — mallorquina, aragonesa, catalana y finalmente francesa — explica bastante bien por qué Collioure se parece tanto a un pueblo del norte de Cataluña. La visita se paga y recorre patios, murallas, salas abovedadas y una terraza alta desde la que se abarca toda la bahía. Si viaja con niños, es una de las paradas que mejor funciona: hay espacio para correr y las almenas gustan siempre. Si va justo de tiempo, sepa que el exterior del castillo, visto desde la playa de Boramar o desde el espigón, ya es buena parte del espectáculo.

Las playas y calas: qué esperar de verdad

Seamos claros, porque aquí muchas guías exageran: Collioure no es un pueblo de arenales largos. Son calas pequeñas, resguardadas, con mezcla de arena gruesa y canto rodado. El agua, en cambio, es transparente y muy tranquila, porque la bahía está protegida del oleaje. Boramar es la playa central, la de la postal, al pie del campanario y con las barcas catalanas varadas en la orilla; es la más bonita y la más llena. Port d'Avall, también llamada plage du Faubourg, está al otro lado del castillo: es la más amplia y la de entrada más suave al agua, la mejor con niños, con restaurantes y heladerías justo detrás. Saint-Vincent es una cala diminuta a la que se llega por un túnel excavado bajo la iglesia, mirando hacia la capilla del islote. Y la Anse de la Balette, ya saliendo hacia Port-Vendres, es una cala de cantos muy apreciada por quienes hacen snorkel. Un consejo práctico: lleve escarpines. Con las piedras se agradecen mucho, y en julio y agosto conviene llegar antes de media mañana si quiere sitio.

El sendero del litoral y el Fort Saint-Elme

El sentier du littoral es la mejor excursión gratuita de la zona y arranca del propio pueblo en las dos direcciones. Hacia el norte, en unos treinta o cuarenta minutos a pie, se llega a la playa de l'Ouille, mucho más salvaje y tranquila, rodeada de viñedos: es la escapada perfecta cuando las calas del centro están abarrotadas. Hacia el sur, camino de Port-Vendres, el sendero sube entre calas escondidas con vistas abiertas sobre la costa. Por encima del pueblo, en lo alto de la colina, se recorta el Fort Saint-Elme, una fortaleza del siglo XVI con planta de estrella construida por Carlos V. Se puede subir a pie — la cuesta es exigente y conviene hacerla temprano o al final del día, con agua — y desde arriba se domina toda la Côte Vermeille. El fuerte es de propiedad privada y se visita pagando entrada; alberga una colección de armas y maquetas militares.

El fauvismo: aquí empezó todo, en 1905

En el verano de 1905 Henri Matisse y André Derain se instalaron en Collioure y pintaron aquí las telas que dieron origen al fauvismo, el primer movimiento de vanguardia del siglo XX. Lo que les atrajo fue la luz: una luz mediterránea tan intensa que les llevó a abandonar el color naturalista y pintar el mar en rosa y los árboles en rojo. El pueblo ha convertido ese episodio en un recorrido urbano, el chemin du fauvisme, con una veintena de reproducciones colocadas exactamente en el lugar donde se plantó cada caballete, de modo que se puede comparar el cuadro con el paisaje real que tiene delante. Es gratuito, está bien señalizado y se hace en una hora larga. Después pasaron por aquí Picasso, Braque, Dufy, Juan Gris y Chagall, entre otros. El Museo de Arte Moderno de Collioure, en una villa con jardín algo apartada del centro, completa la visita.

Anchoas, vino y mesa: lo que hay que probar

Collioure fue durante siglos un puerto de pesca de sardina y anchoa, y la salazón sigue siendo su producto más conocido. Quedan dos casas históricas que trabajan la anchoa a mano, con salazón lenta en barrica, y ambas ofrecen visita y degustación: es una parada corta y muy agradecida, y las latas son el mejor recuerdo comestible que se puede traer. En cuanto al vino, la denominación Banyuls-Collioure produce dos cosas distintas en las mismas terrazas de pizarra que caen hacia el mar: los tintos secos y potentes de Collioure, y los Banyuls, vinos dulces naturales que se sirven de aperitivo o con chocolate. Muchas bodegas del pueblo ofrecen catas sin cita previa. Y si busca dónde comer, tenga en cuenta que en temporada alta los restaurantes del puerto se llenan pronto: merece la pena reservar o comer algo antes o después de la hora punta.

Cuándo ir y cómo llegar desde España

Desde Barcelona son unas dos horas y media en coche por la AP-7 y la A9; desde Girona, poco más de hora y media; desde Figueres, apenas una hora. En tren también es sencillo: Collioure tiene estación propia en la línea de la costa, con enlaces desde Perpiñán, que a su vez conecta con Barcelona. El aeropuerto más cercano es el de Perpiñán, a unos 35 minutos, aunque muchos españoles llegan directamente en coche. Sobre cuándo venir: julio y agosto son los meses de mar más cálido, pero también los de pueblo lleno y aparcamiento imposible. Mayo, junio y septiembre son claramente mejores — el agua sigue siendo agradable, las calas están tranquilas y se puede aparcar. En invierno el pueblo queda muy silencioso y parte de los comercios cierra, pero para una visita centrada en Machado y el casco antiguo tiene su encanto. El aparcamiento en temporada está regulado y es de pago: si su alojamiento incluye plaza, se ahorrará el peor quebradero de cabeza del viaje.

Dónde alojarse: cuatro apartamentos a 300 m de la playa

Love Collioure son cuatro apartamentos independientes en el 20 chemin Saint-Elme, a unos 300 metros de la playa — cinco minutos andando cuesta abajo — pero apartados del bullicio del puerto. Cada uno tiene dos dormitorios para cuatro personas, una terraza orientada al suroeste de entre 30 y 36 m², aire acondicionado, wifi por fibra y plaza de aparcamiento privada delante del edificio, algo que en Collioure vale su peso en oro. Seamos honestos en lo que más se pregunta: no hay vistas al mar. Las terrazas se abren a las colinas y los viñedos, lo que significa sol de tarde, atardeceres largos y tranquilidad, mientras el paseo marítimo se queda con las multitudes. Los cuatro están clasificados como meublé de tourisme de 3 estrellas y llevan nombres de pintores — Cézanne, Derain, Monet y Dufy — en homenaje al pueblo donde nació el fauvismo. Sus valoraciones en Airbnb van de 4,74 a 4,93 sobre 5. Un apunte práctico y honesto: se accede por escalera, sin ascensor — 17 escalones en Cézanne y Derain, 34 en Monet y Dufy. La reserva es directa con la propietaria, sin comisiones ni intermediarios.

La Retirada: Argelès-sur-Mer, a diez minutos de Collioure

La historia de Machado en Collioure no se entiende sin lo que ocurrió en la playa de al lado. Entre el 26 de enero de 1939, con la caída de Barcelona, y el 9 de febrero, cerca de medio millón de republicanos españoles cruzaron la frontera en el éxodo conocido como la Retirada. El Gobierno francés levantó en la playa de Argelès-sur-Mer un campo de internamiento — a unos diez minutos en coche de Collioure — que empezó a construirse el 1 de febrero, en pleno invierno. Los primeros trescientos internos llegaron dos días después, tras caminar 35 kilómetros desde Portbou. Al principio no había más que una alambrada: ni barracones, ni letrinas, ni enfermería, ni agua potable. Por allí pasaron unas cien mil personas, y el campo estuvo operativo hasta septiembre de 1941. Hoy, cerca de la playa norte, un monolito recuerda a los cien mil republicanos internados, y el Mémorial du Camp d'Argelès mantiene viva la memoria de aquel episodio. Es una visita dura y breve, pero para un viajero español da todo su sentido a la tumba que se encuentra unos kilómetros más al sur.

Excursiones desde Collioure por la Côte Vermeille

Collioure es una base excelente porque todo queda cerca. Port-Vendres, a cinco minutos, es el puerto pesquero de verdad de la comarca: se ve descargar el pescado y se come marisco a mejor precio que en Collioure. Banyuls-sur-Mer, a un cuarto de hora, da nombre al vino dulce y tiene una reserva marina protegida estupenda para hacer snorkel. Cerbère marca ya la frontera. Hacia el interior, las bodegas de las terrazas de pizarra ofrecen catas con vistas sobre los viñedos, y el pueblo fortificado de Villefranche-de-Conflent o el horno solar de Mont-Louis quedan a poco más de una hora, hacia los Pirineos. Y al sur, cruzando de nuevo a España, Cadaqués y el Cap de Creus están a poco más de una hora de coche: mucha gente combina ambos lados de la frontera en el mismo viaje, porque el paisaje es el mismo y la historia también.

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Preguntas frecuentes

En el cementerio municipal de Collioure, muy cerca de la entrada. Machado murió el 22 de febrero de 1939 y está enterrado junto a su madre, Ana Ruiz, fallecida tres días después. La tumba está señalizada, la visita es libre y gratuita, y el cementerio queda a pocos minutos a pie del centro del pueblo.

Unas dos horas y media en coche por la AP-7 y la A9. Desde Girona es hora y media larga y desde Figueres alrededor de una hora. También hay tren: Collioure tiene estación en la línea de la costa, con enlace en Perpiñán.

Sí, el casco antiguo, la iglesia, el castillo por fuera y la tumba de Machado se ven cómodamente en una jornada. Ahora bien, si quiere bañarse, recorrer el chemin du fauvisme y hacer un tramo del sendero del litoral, necesitará al menos dos días.

Son calas pequeñas con mezcla de arena gruesa y canto rodado, no arenales amplios. Port d'Avall es la más arenosa y la de entrada más suave al agua, ideal con niños. Lleve escarpines: se agradecen mucho al entrar y salir del mar.

Dentro del pueblo no: todo se hace a pie y las calles del casco antiguo son estrechas y en gran parte peatonales. El coche resulta útil para llegar y para excursiones por la Côte Vermeille, pero en temporada alta el aparcamiento está regulado y es de pago, así que alojarse con plaza privada ahorra muchos problemas.